En Viñedos Fullana, cada etapa del viñedo se vive con intensidad, pero pocas son tan delicadas y determinantes como el momento en el que las viñas comienzan a brotar. Es el inicio visible de un nuevo ciclo, cuando la planta deja atrás el letargo del invierno y se prepara para desarrollar su estructura productiva. Sin embargo, es también uno de los momentos más críticos del año.

Durante esta fase, los brotes que aparecen son extremadamente tiernos, frágiles y sensibles. Al más mínimo roce, por el viento o por el paso humano, pueden desprenderse, lo que puede comprometer el desarrollo de los futuros racimos. Por eso, durante estas semanas, el trabajo en el campo se convierte en un ejercicio de precisión y delicadeza. Cada paso entre las cepas se da con cuidado, y cada intervención se realiza de forma controlada, respetando los tiempos de la planta.
Pero no solo la fragilidad física de los brotes nos mantiene alerta. También es una etapa de alta vulnerabilidad frente a enfermedades, especialmente las causadas por hongos como el mildiu o el oídio, que encuentran en los tejidos jóvenes una puerta de entrada perfecta para desarrollarse. Un exceso de humedad, rocíos prolongados o lluvias mal situadas en el calendario pueden generar un entorno muy favorable para estos patógenos.

Por ello, en Viñedos Fullana intensificamos la vigilancia y el seguimiento del viñedo. Observamos día a día la evolución de cada planta, revisamos los brotes y evaluamos el clima, anticipándonos a cualquier signo de alerta. No se trata solo de proteger las viñas, sino de garantizar la calidad futura de nuestros vinos, ya que todo comienza aquí, en este preciso instante en que la vid empieza a manifestarse.
Además, esta etapa nos recuerda la estrecha conexión que existe entre la viticultura y la naturaleza. Aunque aplicamos conocimientos técnicos, experiencia acumulada y herramientas modernas, es la propia viña quien marca el ritmo. Cada año es distinto, cada brotación tiene su carácter. Es parte de la magia de trabajar con un ser vivo, y también de nuestra responsabilidad como viticultores: acompañar a la planta con respeto, atención y sensibilidad.

En definitiva, el momento actual representa una mezcla de emoción, incertidumbre y compromiso. Sabemos que lo que hacemos ahora tendrá un impacto directo en el resultado final de la cosecha. Por eso, cada acción se hace con mimo, conscientes de que el vino que llegará a vuestra copa dentro de muchos meses comienza a construirse en estas primeras y delicadas semanas de primavera

Seguiremos informando del estado del viñedo y compartiendo con vosotros este viaje que hacemos cada año desde la tierra hasta la botella. Gracias por acompañarnos.
