
La mejor manera de comenzar una historia es recordando el pasado, pues en él se guardan los recuerdos de experiencias únicas que hemos vivido o que aún nos quedan por descubrir. Esas memorias nos moldean, nos inspiran y, en muchas ocasiones, nos llevan a recorrer caminos que nunca imaginamos. Por eso, quiero empezar esta historia desde el día en que tuve mi primer contacto con el mundo del vino.
Nací en un pequeño pueblo de Alicante, rodeado de viñedos que han sido testigos de generaciones de tradición y esfuerzo. Mis abuelos y mis padres dedicaban sus días a cultivar la vid ya elaborar con esmero aquellos caldos de uva que llamaban vino. En casa, el vino no era solo una bebida, sino una parte esencial de cada comida, un símbolo de reunión, celebración y arraigo a nuestra tierra.

A medida que fui creciendo, empecé a comprender el proceso detrás de aquella esencia tan especial. Descubrí el arte de la fermentación, el trabajo minucioso en el campo y la paciencia que requiere transformar la uva en un vino que transmite historia y pasión. Fue en 2020, tras la cuarentena, cuando mi hermano y yo decidimos dar un paso más allá. Con el deseo de compartir la esencia del Mediterráneo, de nuestra tierra y nuestras raíces, nos proponemos elaborar vinos únicos, capaces de llevar un pedazo de nuestra historia a cada hogar. Así nació nuestro proyecto, con la ilusión de ofrecer no solo una bebida, sino una experiencia que evoca tradición, paisaje y emoción en cada copa.
