Cutes altes (Xaló)

Xaló

Donde el sol madura los sueños, la tierra guarda secretos antiguos y cada sorbo revela nuestra esencia.

Descripción del viñedo

Enclavado en el corazón del valle de Xaló, a 210 metros sobre el nivel del mar, nuestro viñedo respira el silencio de la montaña y el susurro del Mediterráneo.
Protegido por la imponente presencia del Peña La Mica, se extiende entre suaves laderas que recogen un microclima único: fresco, sereno, con brisas que acarician las hojas y noches que conservan la memoria del rocío.

Aquí cultivamos nuestras viñas con paciencia y respeto. Algunas llevan enraizadas desde el año 2000, profundamente conectadas con la tierra, mientras que otras, más jóvenes, plantadas en 2019, empiezan a escribir su propia historia entre bancales y piedra seca.
Cada cepa refleja el carácter del entorno: la fuerza de la montaña, la calma del valle y el ritmo pausado de las estaciones.

Clima del Valle de Xaló

El valle de Xaló disfruta de un microclima singular, donde se equilibran el frescor de la montaña y la suavidad del Mediterráneo. A 210 metros de altitud, el viñedo se beneficia de días templados y soleados, ideales para la maduración de la uva, y de noches frescas que ayudan a conservar los aromas y la acidez natural del fruto. Las brisas suaves que atraviesan el valle mantienen la vid sana, reduciendo el riesgo de enfermedades y favoreciendo una maduración lenta y equilibrada. Este clima, tan característico, permite vendimias más tardías, donde la uva alcanza su máxima expresión sin perder frescura.

Suelo arcilloso con alto contenido en hierro

Nuestras viñas crecen sobre un suelo arcilloso teñido de tonos rojizos intensos, reflejo de su alto contenido en hierro. Esta tierra rica y compacta retiene la humedad, algo fundamental en los veranos secos del Mediterráneo, y libera los nutrientes de forma lenta y constante, lo que favorece un desarrollo equilibrado de la vid.

El hierro no solo aporta estructura al suelo, sino que influye directamente en el color y la concentración de los compuestos fenólicos de la uva. En el caso del Moscatel, este tipo de suelo potencia su intensidad aromática, realza sus matices florales y frutales, y contribuye a la complejidad y frescura del vino. Además, el tono rojizo de la tierra refleja mejor la luz y el calor, lo que ayuda a una maduración más completa de la uva.